Monopatines eléctricos, el medio de transporte esencial para las calles de París | Motores | Entretenimiento

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París –

“¿Un auto en París? ¿Para qué? ¡Si solo estacionarse es casi misión imposible!”. Paolo, un ingeniero comercial de 23 años es un fiel adepto a los monopatines eléctricos de libre servicio que han inundado la Ciudad Luz.

Encantados, los turistas atraviesan los muelles y puentes del Sena en monopatines. “Es sobre todo práctico por la noche. Además de ser rápido y barato”, afirma Félix, un estudiante de 22 años que solo circula en dos ruedas.

Más que nunca, con el cambio climático, París, asfixiada entre picos de contaminación y olas de calor, está haciendo retroceder a los vehículos con el desarrollo de un abanico de alternativas que hacen que el coche se vuelva obsoleto: monopatines, bicicletas, ciclomotores, todos en libre servicio.

El coche ya no está de moda. El hijo del cineasta americano Jules Dassin, Joe, ya cantaba en 1972: “A Paris en vélo, on dépasse les autos/ A vélo dans Paris, on dépasse les taxis”…[“En París en bicicleta, rebasas a los coches / En París en bicicleta, rebasas a los taxis”…].

“Nuestras ciudades fueron colonizadas por los coches. Hoy se trata de darles el lugar que merecen. En París, los autos sólo representan el 10% de los desplazamientos diarios, pero ocupan el 50% del espacio público”, señala Christophe Najdovski, encargado de transporte en la alcaldía de París.

– Un auto: 70 m2 –

Un vehículo, estacionado el 90% del tiempo, ocupa 70 m2 al año en París. Equivalente a un apartamento de tres habitaciones, lo que es casi un lujo en esta ciudad saturada.

La capital francesa, la tercera ciudad más visitada del mundo, es relativamente pequeña: 2,2 millones de habitantes (más de 8 en Londres), 7 millones con sus suburbios cercanos, 10 kilómetros de ancho por 12 de largo.

Sin embargo, fue una de las primeras ciudades en lanzar un servicio de alquiler de bicicletas compartidas en 2007, Vélib, copiado de Londres a Chicago. Después vinieron los autos eléctricos compartidos y desde 2016 los ciclomotores (más de 5.000 en la actualidad), un servicio que también se puede encontrar en Roma, Madrid o Berlín, pero no en Londres o Estados Unidos.

¿Pero, hay lugar para todos en este pequeño espacio? Basta con escuchar a los taxistas quejándose de las bicicletas y de los pronto (2020) 1.000 km de senderos dedicados. 

Los 15.000 monopatines tampoco son del agrado de todos, sobre todo por el comportamiento irresponsable de algunos usuarios. “¡A veces me sacan de quicio!”, afirma Nordine, una mujer de uno 40 años de edad que denuncia una “falta de civismo”.

“París es un lugar perfecto para los monopatines, pero el espacio está saturado. Tendríamos que tener dos o tres operadores (frente a 11 actualmente). Como San Francisco, que otorgó dos licencias”, dice Najdovski, de la alcaldía de París.

Después de la prohibición de la circulación de los vehículos diésel anteriores a 2006, que entró en vigor el 1 de julio, ¿se debería prohibir el centro a todos los coches?

Poco más de un tercio (37%) de los hogares parisinos tienen un coche y menos del 20% en el centro, argumenta el ayuntamiento.

“Todos estos artilugios son para los solteros, ¿y las familias?”, se queja Jo, un estadounidense, padre de tres hijos, instalado en París.

“La prioridad es que la población urbana pueda desplazarse”, matiza Jean-Pierre Orfeuil, ingeniero especializado en movilidad urbana, que recuerda que 41 millones de personas se desplazan diariamente en la región de Isla de Francia, de los cuales 15 millones en coche y 10 millones en transporte público. 

– Mi auto, mi salón –

“En su mayor parte, los usuarios de estos nuevos modos de transporte tomaban antes el metro, por lo que no contribuyen a fluidificar el tráfico”, afirma Orfeuil.

Para que haya menos autos hay que, primero, ofrecer más bicicletas eléctricas que podrían potencialmente ir hasta los suburbios más cercanos. “Seguimos en Francia 2 a 3 veces peor equipados que en Alemania u Holanda”, señala. 

París también se ha quedado atrás respecto a los coches compartidos. Los proyectos de carriles dedicados a estos usuarios, especialmente en la carretera de circunvalación – una carretera urbana de 35 km de longitud – son una de las pistas: “En las horas más concurridas, hay 1,1 pasajeros por vehículo. Si llegamos a 1,7 eliminaríamos la congestión”, dice Nadjovski.

Pero el coche, para muchos, es como estar en la salón de su casa. Un lugar donde valoras tu intimidad, explica Orfeuil. “Pasas llamadas privadas, escuchas música”. 

“La movilidad no es sólo una cuestión de transporte, es también un modo de vida”, comenta Mireille Apel-Muller, socióloga y directora del Instituto para una ciudad en movimiento. “Todos estos nuevos transportes requieren un smartphone, aplicaciones que debes conocer. De lo contrario, es excluyente”.  (I)

 



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