Felipe Colombo: memorias de una fama salvaje – 12/05/2019

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Hubo un tiempo en que Felipe Colombo se movía con guardaespaldas. Le cuidaban los omóplatos ex miembros del ejército israelí. Épocas de giras por Tel Aviv, contratos exorbitantes, doblajes al hebreo y al árabe, fans escondidos en habitaciones y operativos de camuflaje y escape.

Después del mundo Cris Morena, el salto al vacío. (Foto: Constanza Niscovolos).

Después del mundo Cris Morena, el salto al vacío. (Foto: Constanza Niscovolos).

Antes de aquella vida de Rolling Stone teen -mucho antes de Erreway- había sido tiempo de altibajos económicos familiares, siestas infantiles en sótanos de teatros mexicanos, mientras sus padres, actores, le mostraban un camino posible. Después del mundo Cris Morena, el salto al vacío, la vida sin manto protector, sin escudo, ni amparo artístico. Sabe de zig zag Colombo. Por eso, que ahora es Trending Topic cada vez que Marcelo Tinelli lo presenta en la pista de Bailando, respira, rebobina y se calma. Así es esto: hoy arriba, mañana abajo.

Felipe Colombo (Instagram).

Felipe Colombo (Instagram).

La primera vez que llegó a la Argentina, a fines de los noventa, lo acompañó su gato. Después de una larga negociación, Fito, el felino, logró viajar en clase turista, enjaulado desde el Distrito Federal hasta Buenos Aires, con escala en Los Ángeles. Felipe aterrizó, vio el cielo “celestísimo” y pensó en la divertida estadía que tendrían él y Fito en la tierra de su padre. Tenía 15 años. No imaginaba que a la mayoría de edad optaría por la ciudadanía argentina.

Su minibiografía de Twitter dice: nació el 8 de enero de 1983, en el Hospital Ángeles de la Ciudad de México, y sigue vivo. El milagro de sobrevivir, más bien, no lo experimentó él, sino su padre, Juan Carlos. Un bisabuelo italiano había llegado a la provincia de San Juan a principios de siglo XX, y en 1950 nació Juan Carlos. “En 1975, papá vio ciertos movimientos raros, ayudó a varias personas a escapar de la dictadura argentina, y le pidieron elegantemente que se fugara”, explica el ex Chiquititas. Fue así como Colombo padre pidió ayuda, corrió al aeropuerto y allí mismo se enteró su destino: había obtenido una beca en el Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Entre tablas y telones universitarios, Don Colombo conoció a Patricia Eguía. Al tiempo, nació Felipe, que iba a llamarse Álvar por Álvar Núñez Cabeza de Vaca, “el conquistador”. Algo de la conquista de tierras logró: “Siento que armé una micronación”.

-¿Cómo es esa “micronación”?

-Una cosa interna, donde conviven México y la Argentina, con sus cosas hermosas y terribles. Yo amo a la Argentina desde que llegué, fui a un colegio con muchos hijos de argentinos, me crié en una comunidad “argenmex” o “Mexarg”. Nos juntábamos con un amigo de papá que organizaba asados. Fue una travesía difícil encontrarme.

-¿Por qué?

-Porque no soy de aquí ni soy de allá, hay momentos en que siento eso. Chocan las idiosincrasias y tus raíces se adaptan hasta que salen brotes. Incluso fue una travesía encontrar mi forma de actuar. Por ejemplo: el año pasado hice Los martes, orquídeas en teatro. Es una obra muy argentina, tomé el rol que era de  Juan Carlos Thorry, y tuve que hacer un trabajo de entendimiento de la historia argentina. A veces te peleás con tu costado mexicano o con el otro, pero aprendés a aceptarte y no ser tan duro con vos. Y descubrís que el lugar de pertenencia está donde está el afecto.

Felipe Colombo actuando en TV en México, durante su infancia. (Instagram).

Felipe Colombo actuando en TV en México, durante su infancia. (Instagram).

Apenas sabía leer y escribir cuando debutó en la pieza teatral Entre todos sí se puede, montada por la Secretaría de Educación Pública del Distrito Federal. “Faltaba un conejo, me pusieron orejas y rabo y empecé sin darme cuenta”, se ríe. Continuó una publicidad de pan, y la telenovela El abuelo y yo, donde compartía elenco con los pequeños Gael García Bernal y Diego Luna. El protagónico infantil en Ángeles sin paraíso le auguraba una prolífica carrera en Televisa o TV Azteca. Pero “se entrometió el destino”.

Pasaron más de 20 años de aquel “quiebre”, de esa historia de círculos que se cerraban tras el exilio de su padre. Convocado para la versión mexicana de Chiquititas que se grababa aquí, los proyectos televisivos porteños lo fueron atrapando hasta ponerle entre “la espada y la pared”. Irse o quedarse.

Felipe Colombo (Instagram).

Felipe Colombo (Instagram).

“Yo quería ser futbolista, a los 14 casi entro a Los Pumas de UNAM, pero surgió Chiquititas. Era mediocampista, pero me probé de 9″, cuenta el ahora hincha de Boca Juniors que ya no habla castellano neutro, pero tampoco consiguió el acento netamente argentino. A los 18, la madre de Felipe, que lo acompañaba en Buenos Aires desde hacía tres años, decidió que era hora de dejarlo volar, y volvió a México. El tutor fue un tal Macana, un productor que ofició de hermano mayor. Después, llegó el amor con Cecilia, vestuarista de cine y TV, y nació Aurora, en 2009. 

Jugar a tomar el rol de Dustin Hoffman en El graduado, con Nacha Guevara (en el Metropolitan, en 2005). Jugar a ser Kurt Cobain, en el Konex (No te preocupes, ojos azules, junto a su padre, en 2006). Jugar a ser Luis Alberto Spinetta (pese al enojo de Charly García) en Tu cara me suena (2015). Jugar a tener una banda de rock (Roco) con Benjamín Rojas, para reversionar con modestia a Led Zeppelin y Stevie Wonder. Largo camino de juegos para el hombre de 36 años que viajaba en avión privado y, conductor radial, hoy viaja en subte camino a Nacional Rock.

(Foto: Constanza Niscovolos).

(Foto: Constanza Niscovolos).

-¿Cómo pensás mantener ese bajo perfil en una maquinaria de exposición como “ShowMatch”? ¿Es imposible?

-La verdad es que nunca me ocupé de mantener un perfil. Yo soy así. Trato de salvaguardar lo más posible mi intimidad. No sé qué irá a pasar estando en ShowMatch, no lo he pensado. Entiendo las reglas de juego, trato de conocerlas, acercarme a ellas, y por otro lado, mantener la identidad, la calma, y encontrar cierto límite.

¿Cómo era esa época de desmesura, de demostraciones excesivas de los fans del mundo y fugas en baúles?

-Teníamos diferentes operativos de escape. Distintos tipos de fuga. Me acuerdo una vez: estábamos llegando a una habitación, y de la puerta de mantenimiento, esa salita con caños de los edificios, salieron cinco personas gritando. Llevaban un tiempo adentro. Hasta los de seguridad se asustaron.

-Pudiste haberte estrellado en ese ascenso juvenil que viviste. De hecho, Camila Bordonaba, tu compañera de elenco en “Rebelde Way”, cortó con esto, se alejó. ¿Tan dañino puede ser el medio?

-Primero, creo que la contención, los núcleos afectivos, la familia, son fundamentales para cualquier chico que empieza a trabajar. Porque es un lugar donde, por naturaleza, no debería estar ningún chico trabajando. Requiere ciertas disciplinas y horarios que son ajenos al desarrollo natural de un niño. Por lo tanto, estar bien acompañado de quien respete esas cosas, ayuda mucho. La actuación es una profesión maravillosa, te da muchísimo, aprendés mucho de vos, y es lógico que te enamore desde chico. El tema es que la exposición puede ser desequilibrante, puede nublarte el parámetro de lo real, los afectos, las metas. Los afectos que lo pongan a uno a tierra dan una visión más clara.

"Camarera". Obra en la que participa Colombo.

“Camarera”. Obra en la que participa Colombo.

Colombo actúa en “Camarera, el musical”, en el Metropolitan Sura, junto a Josefina Scaglione, con dirección de Natalia Del Castillo. Además, conduce Alimento balanceado, junto a Cecilia Elía, por Nacional Rock (FM 93.7).

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