Cinco claves que explican el éxito de “Chernobyl” – 11/06/2019

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“¿El reactor 4 de Chernobyl estalló luego de que apretaran el botón de apagado? ¡Es ilógico! Nuestra tecnología es infalible”, dictaminó un jerarca de la URSS, el 25 de abril de 1986. Pero el científico Valery Legasov buscaba respuestas: “Todos los testimonios coinciden. Tenemos que saber qué ocurrió”. El viernes 7 terminó Chernobyl, la exitosa miniserie de HBO sobre el accidente nuclear soviético, y que reunió misterio, horror e intrigas hasta su asfixiante adiós. ¿Se rompió la cadena de complicidades y silencios? ¿Quiénes cargaron con las culpas, al final?

Desde que se estrenó, el 10 de mayo, Chernobyl cautivó y conmocionó al reflejar, con cruda potencia, los avatares de esta tragedia atómica desatada a tres kilómetros de la ciudad de Prypiat, en Ucrania. Esta nueva ficción de HBO (disponible completa en Flow y en Canal 1 HD de Cablevisión) logró generar un inusitado fanatismo gracias a su plus de veracidad: sus hechos pertenecen a la Historia y su razón fue desentrañarlos.

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Creada y escrita por Craig Mazin, y dirigida por Johan Renck, Chernobyl ganó una efectividad pasmosa gracias a la pericia de sus tres protagonistas, conscientes de que la nube tóxica de uranio y grafito que expulsaba la central contenía radiación peor que la de Hiroshima. ¿Cómo olvidar la química de los tres personajes que eligieron averiguar la verdad?

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Legasov (el inglés Jared Harris) cotejó investigaciones con la ingeniera nuclear Ulana Khomyuk (Emily Watson), en un rol imaginario que homenajeó a científicas reales. El Vicepresidente del Consejo de Ministros de la URSS, Boris Shcherbina (Stellan Skarsgård), colaboró con ellos, sin cuestionar en público a los encubridores políticos de la catástrofe.

El viernes pasado, el quinto episodio (el último) mostró el juicio contra los responsables técnicos de la falla, y una amarga escena entre Legasov y el líder de la KGB anticipó su cierre descorazonador, en clara sintonía con su primera escena. Un final inolvidable, como cada episodio.

Aquí, cinco claves que explican por qué Chernobyl es una miniserie imprescindible.

1) Su relación con la Historia

El dirigente soviético y el científico se atreven a cuestionar la verdad "oficial" sobre Chernobyl.

El dirigente soviético y el científico se atreven a cuestionar la verdad “oficial” sobre Chernobyl.

Si Chernobyl aún duele en el corazón del pueblo ruso, esta ficción detalla sus huellas políticas, y sobre todo las físicas: alteraciones de ADN, deformaciones y varios tipos de cáncer. Un horror que intentaría ocultar la alta dirigencia de la URSS, pero que iba acentuar su caída, cinco años después.

Según las cifras oficiales hubo 31 muertos, y las partículas radiactivas alcanzaron a 13 países y a 5 millones en toda Europa. Pero otros cálculos dicen que hubo hasta 93 mil víctimas, directas e indirectas, y 300 mil desplazados. Al hablar de ello, Chernobyl describió a los funcionarios que defendieron ciegamente la supuesta supremacía de la industria nuclear soviética, en plena competencia con los Estados Unidos.

El 20 de mayo Clarín anticipó que sería una de las series del año. Diez días después era declarada “la mejor valorada de la Historia” en Internet Movie Database (IMDB). Más allá de algunas bajadas de línea, supo demostrar que ningún país es inmune a la impericia en medidas de seguridad y en planificación científica. El 11 de marzo de 2011 hubo otro accidente, pero en un país capitalista ultra-moderno: en la planta japonesa de Fukuyima.

2) Su recreación escénica

La pátina verdosa de los escenarios es un protagonista más en la miniserie.

La pátina verdosa de los escenarios es un protagonista más en la miniserie.

La perfecta recreación de los ambientes garantizó la verosimilitud de esta miniserie (concebida por HBO junto a la cadena inglesa Sky). Una misma gama de verde opaco se vio en los escenarios asfixiantes de Chernobyl: en las paredes y los pasillos derruidos de la central nuclear; en los monoblocks soviéticos; en las angostas salas de los hospitales saturados de heridos y en las oficinas ministeriales abarrotadas de expedientes. También fueron verdes los trajes aislantes de los operarios, con esas máscaras respiratorias que dan terror.

En sincronía, punzantes secuencias melódicas envolvieron las tomas de los edificios monótonos de Prypiat y de otras ciudades de la URSS. Los diálogos acompañaron estos tonos sin perder ritmo: hubo una sensación de encierro constante, al aire libre como dentro de la planta, devenida uno de los lugares más letales de la Tierra.

Otros espacios acentúan esta atmósfera opresiva: los exteriores de la planta, donde los bomberos seguían tácticas insuficientes para apagar el incendio. las calles con cientos de miles de evacuados, a punto de subir a colectivos de idéntico color. Y una ciudad vaciada, atestada de radiación.

3) La interacción de sus protagonistas

El trío protagónico descubre las mútiples fallas sobre la crisis de Chernobyl.

El trío protagónico descubre las mútiples fallas sobre la crisis de Chernobyl.

“Los verdaderos responsables de Chernobyl no merecen la prisión. Merecen la muerte”, sentenció Valery Legasov (Jared Harris), grabando varios casetes para denunciarlos, dos años después de la explosión nuclear. Desde la calle lo vigilaba un auto de la KGB. El ingeniero escondió las cintas, le dio de comer a su gato y se ahorcó en su departamento. No es un spoiler: así arranca Chernobyl.

Luego habrá un flashback a 1986: al epicentro de los hechos y a la magistral interacción de sus personajes. Legasov compartió diálogos de elevado magnetismo con su colega científica Ulana Khomyuk (Emily Watson), quien dijo: “Nos corresponde contarle al Planeta lo que pasó”. Pero el dirigente Boris Shcherbina (Stellan Skarsgård) les sugirió: “Hay que negociar con la KGB. Cuando está en peligro tu vida, tu convicción moral no significa nada. Sólo querés que no te maten”.

Khomyuk respondió con la imagen del bombero que agonizó varios días tras la explosión, y cuya esposa dio a luz a una beba que vivió sólo cuatro horas: había absorbido la radiación. “Vivimos en un país donde los niños deben morir para salvar a sus madres. Alguien tiene que decir la verdad”.

4) Su mezcla de géneros

Drama, thriller, serie catástrofe de terror: "Chernobyl" es todo eso a la vez.

Drama, thriller, serie catástrofe de terror: “Chernobyl” es todo eso a la vez.

Chernobyl es una serie inclasificable. Hizo fluir los códigos del drama y de las series catástrofe con el suspenso, los recursos de la ciencia-ficción y del terror. Cada una de sus imágenes no dejará de sorprender. “Es sólo un incendio. El núcleo de Chernobyl no explotó. No necesitamos evacuar la ciudad”, juraron un funcionario de Prypiat y el ingeniero en jefe Anatoly Dyatlov, a pocos minutos del estallido, que ocurrió exactamente a la 1.23 del 25 de abril.

Adentro de la central, los técnicos desfallecían con los rostros rojos hinchados (y llenos de sangre, en una licencia imaginativa). Afuera, los bomberos apuntaban sus mangueras a la mole radioactiva y aspiraban las mortíferas partículas de grafito en el aire.

Si bien el guión se tomó muchas libertades, mostró con precisión las tremendas secuelas físicas -instantáneas y paulatinas- en quienes aspiraron la nube tóxica: los mineros que cavaron un túnel para aislar el núcleo, o los voluntarios que subieron al techo de Chernobyl para quitar los pedazos de grafito que podían disparar una reacción en cadena en los otros tres reactores activos.

5) La tensión política de su final

Una de las escenas finales entre el director de la KGB y el protagonista, Valery Legasov.

Una de las escenas finales entre el director de la KGB y el protagonista, Valery Legasov.

“Usted está contradiciendo la versión oficial sobre lo que pasó en Chernobyl. ¿Por qué debería creerle?”, desafió Mijaíl Gorbachov (David Dencik), el último líder de la Unión Soviética, mirando a Valery Legasov en la reunión de gabinete improvisada para enfrentar la calamidad. Esta escena del segundo episodio trazó el claro objetivo de HBO: exponer cómo hubo burócratas del Kremlin abocados a negar la crisis radioactiva y otros decididos a no callar, aún a riesgo de sufrir las consecuencias.

Esta producción no temió desplegar los conflictos al seno de la comandancia soviética y reconstruyó el entramado de abusos de poder que confluyeron en Chernobyl: una fatalidad tecnológica agravada por hombres inoperantes, que en el último episodio quedaron expuestos. Pero otros también fueron acallados y encerrados por animarse a declarar contra el poder.

¿Cuántas muertes podrían haberse evitado a tiempo? ¿Habría ocurrido si los altos cargos de la URSS no hubieran ocultado los errores de mantenimiento y planificación? ¿Cuántos, como Legasov, tuvieron que inmolarse para que se implementaran controles y medidas que impidieran otro Chernobyl?

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